Superposición del sitio

Alejandría, su primera entrada. El librero.

Mi primer blog.

Hoy día todo nuestro mundo son las nuevas tecnologías, los móviles de última generación, ordenadores portátiles en todas las mochilas de nuestros estudiantes, ordenadores de sobremesa en todas las casas, teléfonos móviles, smartphone, PDA, Mp3, Mp4, Ipod, Tablet, Ipad, y toda clase de nuevos aparatos creados para resolvernos los problemas que hemos tenido durante toda la vida.

Y qué decir del mundo de Internet, un mundo inmenso y accesible a todos, o a casi todos. Un mundo que avanza a pasos agigantados, más rápido de lo que lo ha hecho nada en éste mundo, y parece ser un avance sin fin. Navegadores que hacen las funciones de grandes bibliotecas andantes, programas que arreglan nuestros trabajos e ideas mentales, aplicaciones que nos facilitan el trabajo tanto o más, como lo hizo la calculadora en su momento, correos electrónicos que dejaron en el olvido los antiguos sobres con sus sellos, y las redes sociales. Oh, sí, las redes sociales, que gran invento, y que gran acceso al mundo, a los secretos de todos y al olvido de la intimidad que tanto nos preocupa en otras muchas circunstancias.

Pero antes de todo esto, ¿qué había? Parece que hemos olvidado aquellos tiempos en los que el cartero llamaba a nuestra puerta y nos hacía los más felices del mundo, eran noticias esperadas o simplemente grandes sorpresas que llamaban a nuestras puertas. Aquella figura que hoy la relacionamos con facturas y cartas de hacienda, en otros tiempos traía felicidad.

Eh ahí, aquellos maravillosos años, en los que los sueños eran totalmente parte de nuestra imaginación, y no la respuesta de un usuario en una red social. Un mensaje que, tras una pantalla, ya nos ha dado todo el proceso de la antigua imaginación, ya lo tenemos todo, la idea, la imagen, la letra y el diseño final. Todo.

Pero bueno, no hay mal que por bien no venga, los avances son parte indispensable de nuestro mundo, tanto como el que los seres humanos nazcan y mueran. Aunque nunca se deberían olvidar los orígenes, por más que nos pese, ya que todos aquellos que olvidan su propia historia, tienden a repetirla.

Hoy día parece que nunca hemos vivido sin lo que nos rodea en el siglo XXI, y que las empresas (o las personas) no se posicionen en la red, es algo impensable si se quiere subsistir en éste mundo, y por ello, aparecen nuevas figuras profesionales, especialistas en SEOSEMSMO o Marketing Digital, figuras muy bien conocidas, entre otras, como Social MediaCommunity Manager o Content Curator. Figuras fielmente acompañadas de aplicaciones para crecer y crecer en la web, entre las que se encuentran los blogs.

Curiosa palabra aquella de “blog” para designar simples plataformas de comunicación, tan utilizadas por empresas como por personas, realmente siendo éstas últimas las pensadas para la utilización de los mismos. Los blogs, como éste, con el que comienzo hoy, son simples diarios de bitácora en el mundo de la Web 2.0, 3.0, 4.0, y subiendo, es decir, procesadores de texto, donde no son necesarios ni el papel ni la pluma para plasmar nuestros pensamientos y vivencias.

Con mis años, crear un diario, no es algo que me emocione demasiado, pues es algo que llevo haciendo toda la vida, ya que con toda una vida a la espalda más que un diario, lo que me interesaría hoy día seria dejar constancia de todo lo vivido de un golpe, y no a pequeños pasos día a día, y eso más que un diario serían unas memorias, y eso, es lo que será esté blog, mis memorias contadas por mí mismo, narrando mi pasado, contando mi presente y soñando el futuro. Una idea de blog que os irá abriendo las puertas de mi «Alejandría, aquel lugar lleno de sueños que sin saberlo, dejó entrar a un monstruo».

Buenos días, tardes y noches a todos y, por supuesto, a todas. Me llamo Francesco Giovani Sabatelli, nací el 4 de octubre de 1946 en la ciudad de Asís, en mi amada Italia. Amo mi tierra, pero me siento andaluz de corazón, llevo aquí tantos o más años de los que pasé cerca de mi casa, de mi familia y de mis orígenes, y por ello, y por todo lo que me une a ésta tierra, me siento tan andaluz como italiano, y antes de marchar para el otro lado, quisiera compartir todo lo vivido y aprendido en ésta vida con vosotros.

Esta será mi primera entrada, pero no la última, espero no disgustar a nadie con mis memorias, y que, si no disfrutan leyéndome, al menos aprendan entre escuetas palabras lo que a mí me costó toda una vida aprender.

 

Atentamente, su amigo, Francesco.

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